domingo, 25 de febrero de 2018

Cumbres borrascosas, Emily Brontë.


Este año se cumplen doscientos años del nacimiento de Emily Brontë y como creo que la mejor manera de rendir homenaje a un escritor es leer sus obras, acabo de terminar de releer la más famosa de las novelas de las hermanas Brontë, Cumbres borrascosas. 

La historia es relatada casi en su totalidad por el ama de llaves, Elena Dean, quien irá desvelando los entresijos de la historia familiar de los personajes de dos casas vecinas, Cumbres Borrascosas y La granja. Heathcliff es un niño pordiosero que ha adoptado Earnshaw y que simpatiza en sobremanera con Catalina, la hija de su benefactor. Ambos se crían juntos y mantienen una relación muy especial. No obstante, Hindley, el verdadero hijo de Earnshaw, no ve con buenos ojos al recién llegado y se muestra celoso de los favores que obtiene de su padre. Cuando este muere, Hindley empieza a maltratar y humillar a Heathcliff, abonando así el odio y rencor del personaje. Catalina conoce entonces a los niños Linton y tras una estancia de varias semanas en su casa vuelve cambiada, más refinada y caprichosa, haciendo sentir a Heathcliff desplazado y zafio. Esto será el desencadenante de los entresijos de la historia de amor y destrucción que alcanzará no solo a los personajes principales, sino también a sus descendientes.

Desde luego no es la primera vez que releo un clásico, pero éste me ha hecho reflexionar sobre las diferentes lecturas que podemos hacer de un libro a lo largo del tiempo. La primera vez que lo hice tendría 17 o 18 años y lo recuerdo como una desgarradora historia de amor. Me encantaba el personaje de Heathcliff, que se me figuraba como un personaje atormentado y herido que no podía evitar vengarse de aquellos que lo habían hecho sufrir, supongo que mi alma adolescente se sentía en sintonía con su dolor. Sin embargo, al volver a leer la obra, la lectura actual se ha visto confrontada con la antigua, y no hacía más que preguntarme dónde estaba ese romántico personaje que tanto me había marcado.

Esto me hace pensar en cuando recomendamos o marcamos lecturas clásicas a nuestros alumnos, ¿lo hacemos recordando al adolescente que fuimos o como el adulto que somos? Cuando comentamos las obras en clase ambos nos podemos enriquecer de la visión del otro, pero serán sin duda diferentes. Me ha pasado con otros clásicos, por ejemplo con Werther, cuyos personajes principales suscitaban horas de debate en mis clases ¿estaba enamorada Carlota? ¿Le daba ésta falsas esperanzas a Werther? Supongo que me pasará lo mismo con Cumbres borrascosas, así que esperaré con ilusión que mis alumnos me devuelvan a mi adolescencia.

miércoles, 15 de febrero de 2017

#díseloJC


Esta es una entrada diferente a las que usualmente aparecen en el blog. Es la entrada donde confieso que J.C no existe. 


Hace un par de semanas colgué una carta fotocopiada de un tal J.C que declaraba su amor secreto por alguien de quien estaba enamorado desde hacía meses.

La reacción no se hizo esperar, los alumnos se paraban en las cartas y las leían, intrigados por quién sería ese romántico J.C. Empezaron las averiguaciones, las preguntas... Los alumnos que tenían la desgracia de que sus iniciales coincidieran con las elegidas para mi romántico escritor soportaron alguna que otra bromita.

Mis compañeros tampoco sabían quién era ese JC "pero pone muy bien las tildes" mientras yo pensaba que debería haber sacrificado un poco la corrección lingüística en aras a la verosimilitud. En honor a la verdad, alguno hubo que me reconoció la letra y me guardó el silencio. A todos a los que os mentí, incluso descaradamente, espero que no me lo tengáis en cuenta. 

Después colgué la foto en twitter y creé el hashtag #díseloJC, muchos lo retuitearon y añadieron sus propios consejos a nuestro sufrido escritor anónimo. Desde mi punto de vista, el mejor fue el de @HildaDeNoche que animaba a JC a confesarse porque "la vida es muy corta para amar de lejos". Ya metida en faena, se me ocurrió pedirle a un par de escritores que me echaran una mano para dar a conocer la carta, por lo que me puse en contacto con Fernando Macías y Juan de Dios Garduño que entraron en el ajo y animaron el asunto con sus retuits (mil gracias a los dos). A día de hoy, más de 11.000 personas han visto la carta.


Hace unos días colgué una nueva carta en la que JC respondía a todos aquellos que le animaban a confesar su amor. Resulta que JC suspiraba por un príncipe, no por una princesa.


¿Y qué es lo que quería conseguir con todo esto? 

Pues lo primero, mostrar lo bonito que puede resultar una carta de amor. En la era del whatsapp e instagram, donde una imagen vale más que 140 caracteres, quería recuperar el poder de la palabra escrita en forma de carta tradicional. Sé que a alguno os ha emocionado, os he visto las caras al comprobar que había una segunda carta. Incluso parece que ha cundido el ejemplo y alguno/a se ha animado a dar rienda suelta a sus sentimientos, cumpliendo lo que nuestro jefe de estudios se temía (y a mí me encanta) que aparecieran más cartas de amor. 
Pero el principal objetivo de la actividad radicaba en que fuéramos un poco más conscientes de la cantidad de estereotipos que tenemos asumidos. En la primera carta no había señales de género ni del escritor, ni hacia el receptor, pero todos pensaron que era de un chico hacia una chica. ¿Por qué? Porque por muy avanzados que nos creamos, lo usual se convierte demasiadas veces en lo normal. Pienso además en la cantidad de novelas, series de televisión y películas de amor que consumen los adolescentes y me cuesta recordar alguna en la que aparezcan relaciones homosexuales dentro de una normalidad, no como una excepción o rareza. A todos nos gusta vernos reflejados en los protagonistas de los libros, de las películas... ¿en qué espejo deben mirarse todos aquellos alumnos que, como JC, no encajan dentro de esa nomalidad?

Puede que JC no exista como tal, pero sin duda está vivo en multitud de adolescentes que, como él, se sienten fuera de la partida antes de repartir las fichas. Por todos ellos:

 #díseloJC




jueves, 2 de febrero de 2017

Grandes cartas de amor.

Se acerca San Valentín y con ello numerosos detractores de esta fecha empezarán a esgrimir sus argumentos: que si no es más que una estratagema comercial, que si celebrar el amor debe hacerse todo el año... Sin entrar en debates absurdos, pues cada cual que celebre lo que quiera, veo oportuno recomendar el libro Grandes cartas de amor. Se trata de una edición muy cuidada que nos trae cartas de todo tipo de personajes históricos como Napoleón Bonaparte, Karl Marx, Beethoven, junto con la correspondencia de numerosos y conocidos escritores como Balzac, Virgina Woolf, Tolstoi o Victor Hugo.

Las cartas vienen clasificadas en capítulos según la temática; cartas de amor sereno, tormentoso, prohibido, ruptura, triángulos amorosos... toda una oportunidad para indagar en la vida de esos escritores que con su pluma tantas veces nos han sumergido en sus obras. Incluso a alguien tan poco curiosa como yo en lo que a la vida personal de sus escritores favoritos se refiere, me ha resultado muy interesante leer estos documentos que dan muestra del cambio acaecido en las relaciones y costumbres en nuestra época. 

Es muy probable que nuestros adolescentes jamás hayan leído (ni leerán) una carta de amor. En la era de los wasap y el correo electrónico hemos ganado en inmediatez, y perdido en magia. Que cada cual sopese la ventaja.



 

jueves, 5 de enero de 2017

La muchacha anticuada, Louisa May Alcott.

La muchacha anticuada es una novela de finales del siglo XIX escrita por Louisa May Alcott, autora muy conocida gracias al éxito de Mujercitas. Pese a lo interesante y avanzado de la figura de Alcott como mujer, muy activa en el panorama político y social, -abolicionista, partidaria del sufragio femenino-, la novela presenta una protagonista anclada en el estereotipo de la mujer ángel del hogar. A finales del siglo XIX los estereotipos femeninos se radicalizan de manera que encontramos dos polos opuestos, la mujer transgresora, sexual y que lleva a la perdición a los hombres, y la mujer angelical, madre, esposa abnegada y que sirve como "reposo del guerrero". Polly, la protagonista, responde a este segundo tipo de modelo. Cuando comienza la historia cuenta con apenas 14 años y ya supone un contraste con Fanny, la amiga con cuya familia se dispone a pasar unos meses. El contraste no radica solamente en la posición social de ambas, (Polly es de origen humilde y Fanny tiene todos los lujos posibles a su alcance), sino que también tienen caracteres diferentes, fruto de la distinta educación recibida. La historia se produce en dos momentos distintos, hay un salto temporal entre la Fanny niña y la Fanny muchacha que vuelve unos años más tarde para labrarse un futuro en la ciudad. Se trata de una novela de personajes donde no hay mucha acción salvo el devenir de las vidas de cada uno de los protagonistas.

Polly encarna todas las virtudes de la mujer de la época; abnegada hija y hermana que no duda en dedicar su vida al trabajo para que su hermano pueda estudiar, hacendosa en las tareas del hogar, bondadosa con el prójimo y paciente y cariñosa con niños y ancianos... es, como decía antes, el ángel del hogar. A pesar de lo "anticuado" que pueda parecer este estereotipo, sí que podemos extrapolar alguna de las realidades o enseñanzas del libro a nuestros días. Durante la primera parte, cuando Polly no es más que una niña, ésta se siente desplazada y al margen del resto de amigas de Fanny cuya máxima diversión es la de imitar los modelos de los adultos asistiendo a bailes, vistiéndose como pequeñas damitas o dedicándose a los cotilleos. Me ha resultado curioso que un libro de hace más de un siglo retrate una realidad que, salvando las distancias de usos y costumbres, puede adjudicarse perfectamente a una sociedad tan viciada como la nuestra, donde se sexualiza la imagen de las niñas en publicidad y televisión como si de pequeñas lolitas se tratara, donde niñas de diez o doce años visten ropa de quince o dieciséis mientras no levantan la vista de las pantallas de sus relucientes y modernos móviles. Quizá es que yo también me esté volviendo un poco retrógada, pero me gusta que las niñas sean niñas, no pequeñas adolescentes.

El libro puede resultar interesante para ver el prototipo de mujer ideal de la época, pero también resulta una lectura entretenida y de fácil comprensión incluso para jóvenes lectores.

lunes, 11 de enero de 2016

La luz que no puedes ver, Anthony Doerr

Este libro, premio Pulitzer de Ficción de 2015, nos transporta a la Segunda Guerra Mundial. Dos son los protagonistas de la historia, de un lado tenemos a Mari Laure, una niña ciega que vive con su abnegado padre en el corazón de París. De otro lado tenemos a Werner, un niño huérfano de una pequeña ciudad minera alemana. El autor irá desgranando la vida de ambos a pequeñas dosis, con múltiples saltos temporales hasta conseguir configurar en nuestra mente un recorrido paralelo, y sin embargo absolutamente distinto, de ambos personajes. No se trata de otra novela tópica sobre el nazismo, sino una historia sobre dos niños que tienen la desgracia de crecer en un periodo absurdo y vergonzoso. 

Quizá lo más original o novedoso del planteamiento sea precisamente el multiperspectivismo que provoca intercalar la visión de ambos personajes. Estamos lógicamente acostumbrados a posicionarnos con las víctimas, pero me ha resultado muy interesante la construcción del personaje de Werner, cómo vive su adoctrinamiento en las juventudes hitlerianas y cómo, al fin y al cabo, resulta tan víctima de la guerra como aquellos a los que persigue.
Se trata de una lectura muy recomendable pero densa, con múltiples saltos temporales que, unidos a los cambios de perspectiva y narrador (no sólo de los protagonistas) necesita de una lectura cuidadosa que se ve sin embargo recompensada con creces.

A continuación os dejo un vídeo del autor explicando el proceso de creación del libro (y de ahí el título) y dando más detalles del mismo.