miércoles, 15 de febrero de 2012

Como una novela, Daniel Pennac.

Por razones que no vienen al caso, una amiga me recomendó la lectura de Como una novela, una obra que ni es una novela, ni tampoco un estudio pedagógico, ni un sesudo ensayo... ¿qué será, qué será...? pues eso, como una novela. En este libro Daniel Pennac expone de una manera muy lírica a veces, muy prosaica otras, cómo hacer que los niños se aficionen a la lectura, y que los adolescentes no la abandonen. Creo que se trata de una lectura IMPRESCINDIBLE para todos aquellos que nos dedicamos a la enseñanza, además de cualquier bibliotecario, pedagogo, educador o padre en general(que levante la mano el que se libre). Con unos argumentos poco corrientes, pero de lógica y sencillez aplastante, Daniel Pennac convence, y si en algún momento puede parecer utópico, me gusta pensar que las utopías nos ayudan a conservar la esperanza, tan necesaria en esta profesión y, por qué no, en esta vida.

martes, 7 de febrero de 2012

Bicentenario del nacimiento de Dickens

Hoy, 7 de Febrero, se conmemora el bicentenario del nacimiento de Charles Dickens, uno de los mejores y más célebres novelistas ingleses.
Como viene siendo habitual, Google nos lo recuerda con su personal homenaje ilustrativo.

Lógicamente, este año veremos muchas reediciones de las obras del escritor. Austral, por ejemplo, ha recuperado dos clásicos del autor en edición de bolsillo, Los documentos póstumos del Club Pickwick y David Copperfield.

También el cine ha visto un filón en las obras de este autor universal para hacer multitud de versiones cinemátográficas de novelas como Oliver Twist o Grandes esperanzas. De esta última se hará una nueva versión este año, siendo ya más de cien las adaptaciones de sus obras al cine, incluyendo la popular Cuento de Navidad.

Os dejo con el fragmento inicial de Historia de dos ciudades, leedlo bien y comprobaréis que sus palabras nos pueden parecer, aunque tristemente vigentes, increíblemente hermosas.

Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada; caminábamos en derechura al cielo y nos extraviábamos por el camino opuesto. En una palabra, aquella época era tan parecida a la actual, que nuestras más notables autoridades insisten en que, tanto en lo que se refiere al bien como al mal, sólo es aceptable la comparación en grado superlativo.