miércoles, 15 de febrero de 2017

#díseloJC


Esta es una entrada diferente a las que usualmente aparecen en el blog. Es la entrada donde confieso que J.C no existe. 


Hace un par de semanas colgué una carta fotocopiada de un tal J.C que declaraba su amor secreto por alguien de quien estaba enamorado desde hacía meses.

La reacción no se hizo esperar, los alumnos se paraban en las cartas y las leían, intrigados por quién sería ese romántico J.C. Empezaron las averiguaciones, las preguntas... Los alumnos que tenían la desgracia de que sus iniciales coincidieran con las elegidas para mi romántico escritor soportaron alguna que otra bromita.

Mis compañeros tampoco sabían quién era ese JC "pero pone muy bien las tildes" mientras yo pensaba que debería haber sacrificado un poco la corrección lingüística en aras a la verosimilitud. En honor a la verdad, alguno hubo que me reconoció la letra y me guardó el silencio. A todos a los que os mentí, incluso descaradamente, espero que no me lo tengáis en cuenta. 

Después colgué la foto en twitter y creé el hashtag #díseloJC, muchos lo retuitearon y añadieron sus propios consejos a nuestro sufrido escritor anónimo. Desde mi punto de vista, el mejor fue el de @HildaDeNoche que animaba a JC a confesarse porque "la vida es muy corta para amar de lejos". Ya metida en faena, se me ocurrió pedirle a un par de escritores que me echaran una mano para dar a conocer la carta, por lo que me puse en contacto con Fernando Macías y Juan de Dios Garduño que entraron en el ajo y animaron el asunto con sus retuits (mil gracias a los dos). A día de hoy, más de 11.000 personas han visto la carta.


Hace unos días colgué una nueva carta en la que JC respondía a todos aquellos que le animaban a confesar su amor. Resulta que JC suspiraba por un príncipe, no por una princesa.


¿Y qué es lo que quería conseguir con todo esto? 

Pues lo primero, mostrar lo bonito que puede resultar una carta de amor. En la era del whatsapp e instagram, donde una imagen vale más que 140 caracteres, quería recuperar el poder de la palabra escrita en forma de carta tradicional. Sé que a alguno os ha emocionado, os he visto las caras al comprobar que había una segunda carta. Incluso parece que ha cundido el ejemplo y alguno/a se ha animado a dar rienda suelta a sus sentimientos, cumpliendo lo que nuestro jefe de estudios se temía (y a mí me encanta) que aparecieran más cartas de amor. 
Pero el principal objetivo de la actividad radicaba en que fuéramos un poco más conscientes de la cantidad de estereotipos que tenemos asumidos. En la primera carta no había señales de género ni del escritor, ni hacia el receptor, pero todos pensaron que era de un chico hacia una chica. ¿Por qué? Porque por muy avanzados que nos creamos, lo usual se convierte demasiadas veces en lo normal. Pienso además en la cantidad de novelas, series de televisión y películas de amor que consumen los adolescentes y me cuesta recordar alguna en la que aparezcan relaciones homosexuales dentro de una normalidad, no como una excepción o rareza. A todos nos gusta vernos reflejados en los protagonistas de los libros, de las películas... ¿en qué espejo deben mirarse todos aquellos alumnos que, como JC, no encajan dentro de esa nomalidad?

Puede que JC no exista como tal, pero sin duda está vivo en multitud de adolescentes que, como él, se sienten fuera de la partida antes de repartir las fichas. Por todos ellos:

 #díseloJC




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