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sábado, 20 de octubre de 2012

Las mujeres casadas no hablan de amor, Melanie Gideon.

Alice está casada, tiene dos hijos rayando la adolescencia y un trabajo a media jornada como profesora de teatro. Aparentemente, podría decirse que tiene todos los ingredientes para ser feliz, pero la realidad es que la relación con su marido es cada vez más distante, su trabajo ya no la llena y cada día se siente menos necesaria en la vida de sus hijos. Por ello, cuando recibe en su mail un correo que le propone formar parte de un estudio sobre el matrimonio decide participar sin decírselo a nadie. A través de las preguntas que el investigador anónimo irá proponiéndole de manera periódica, Alice se reencontrará con muchos sentimientos que creía olvidados "Algo está a punto de acabarse. Me apoyo la mano sobre el corazón, como para impedir que su contenido se derrame". No obstante, las cosas se complicarán bastante cuando la relación entre ella -casada 22- y el encuestador -investigador 101- vaya más allá de lo estrictamente necesario.

Ésta es una novela amena, en ocasiones divertida, que ahonda en las relaciones de pareja y en cómo a veces nos alejamos de las personas que queremos sin darnos cuenta, "emocionalmente William siempre llega a la mesa cuando están recogiendo los platos". Además de la pareja protagonista aparecen reflejadas más parejas en diferentes etapas de su relación y aunque a veces la lectura puede dejar un ligerísimo sabor amargo -¿es que es imposible mantener el amor, la pasión?- siempre se narra la historia dejando cabida a la esperanza. 

Otro tema que aparece con frecuencia e inevitablemente ligado al anterior es cómo a veces las redes sociales nos acercan a personas que no nos importan y nos aíslan de lo que verdaderamente importa. Y es que si te enteras de lo que le pasa a tu pareja por el estado del facebook es que algo va irremediablemnete mal.


lunes, 20 de agosto de 2012

Trilogía: 50 Sombras de Grey de Erika L. James


Aunque llevo todo el verano sin publicar entradas, eso evidentemente no responde a que no haya estado leyendo, sino más bien a todo lo contrario. Me he prometido a mí misma hacer una redacción maratoniana en los próximos días para comentar aquí todas mis lecturas veraniegas, o al menos las más interesantes. Empiezo precisamente por la última. Acabo de terminar el último libro de la saga de cincuenta sombras, la trilogía superventas de este verano (y probablemente del año entero). Se ha vendido como la primera novela erótica para mujeres, y aunque no estoy de acuerdo con esta calificación, sí que es verdad que muchas se han acercado por primera vez a este tipo de temática. En mi opinión, no es literatura erótica propiamente dicha, quien haya leído algo de La sonrisa vertical sabrá entenderlo. No dejan de ser escenas sexuales más o menos convencionales con la carga añadida del sadomasoquismo. Sin embargo, el sexo no es el motivo central de la obra sino la relación amorosa de los protagonistas. Desde mi punto de vista hay dos referentes claros en esta trilogía, de un lado la típica novela romántica seudohistórica de la joven e inocente dama que cae rendida a los pies del caballero aguerrido, de otro, la saga Crepúsculo.

De los tres libros el primero es el más sexual, a medida que va continuándose la historia la relación amorosa va cobrando más fuerza y aparecen con más frecuencia los toques de humor, como en los intercambios de mails. Aunque en la segunda y tecera parte hay mas acción, más sucesos que en la primera, sigue siendo una novela de personajes y de cómo estos afrontan esas situaciones con respecto al otro. En este sentido, la tercera parte del libro hubiera sobrado, es bastante repetitiva, aunque lo mejor son precisamente la últimas páginas en donde la autora cede la palabra al personaje de Cristian. El libro se hubiera enriquecido si lo hubiera hecho desde, al menos, la segunda parte.

Reconozco que los personajes están demasiado esteriotipados, el caballero oscuro atormentado por un desgraciado pasado, asquerosamente rico e inmensamente guapo (¡por favor, yo quiero!) y la joven e inexperta protagonista que se ve insulsa y desgarbada y aún así conquista y doma al fiero león. Y aunque resultan poco creíbles tengo que decir que la trilogía me ha enganchado desde la página número uno hasta el final, más por los momentos divertidos y la relación amorosa en sí que por las escenas sexuales que en un momento dado llegan a ser repetitivas y aburridas.

En algunos blogs he leído que parte de la crítica feminista se ha llevado las manos a la cabeza por las escenas de sumisión de la mujer que se ve en la obra. Creo que eso significa no entender la lectura. La mujer no está sometida por ser mujer, sino por las características de ambos personajes y su propio pasado. No creo que deba ser criticable el tipo de relación sexual que los dos adultos protagonistas deciden llevar a cabo.

En los libros se hacen múltiples referencias a canciones e intérpretes de todo tipo. La autora se ha hecho un canal en youtube donde puedes escuchar todas las referencias ordenadas por los libros en los que aparecen.  Para quien se anime a iniciar la lectura, le recomendaría que lo tenga presente y lo haga escuchando esta selección musical, excelente en muchos casos. Yo dejo aquí dos de as canciones que más me gustan y que tienen que ver con momento importantes de la historia.






jueves, 10 de mayo de 2012


Siempre es agradable encontrar una lectura que te haga reír, y desde luego Ciega a citas lo ha conseguido. El libro cuenta la historia de un reto, el que se propone la treintañera Lucía González tras escuchar cómo su madre apuesta a que terminará sola, de negro y borracha en la futura boda de su hermana. Lucía está decidida a no darle la razón a su progenitora, y para ello emprende un plan desesperado; debe conseguir novio formal en menos de 227 días.

Tanto el tema (treintañera soltera con quilos de más en busca de pareja) como el tono y la estructura (entre blog y diario) nos recuerdan sospechosamente a Bridget Jones, eso si, a lo argentino. Y aunque argentinos y españoles compartamos el mismo idioma, hay numerosos términos que desconocemos, (no hablemos ya de referencias culturales). A pesar de esto, el entretenimiento está asegurado. Y como no hay nada que ilustre mejor esta fábula de cuento de hadas que algún que otro fragmento, ahí os dejo algunos.

Después de mucho pensarlo, creo que lo mejor es probar con Marcelo. Es mucho más fácil cortarle el pelo a un hombre, que lograr que deje de gritar o contar las monedas de la propina. Después de todo, todos los hombres son un desastre hasta que una mujer los hace de nuevo. Voy a recauchutarlo un poco (cambiarle los pantalones, sacudirle el folklore y, si se puede, cortarle el pelo) y en julio lo llevo al casamiento.

(La madre a la protagonista)
Por un momento te vi más flaca, pero no, ya pasó. Era el sol.

(De la misma a la misma)
-Para ser boracha, primero tenés que ser Kate Moss. Esto es como los jeans de tiro bajo, no le quedan bien a cualquiera.

Y un trailer de la versión cinematográfica de la obra:


viernes, 13 de enero de 2012

No me iré sin decirte adónde voy, Laurent Gounelle

Aunque la portada del libro recuerda mucho a las de Federico Moccia (de la misma editorial) la historia de esta novela se parece en poco a las aventuras italianas del autor. En este caso el escenario escogido son las calles de París, un París luminoso y cosmopolita. Pero no es la ciudad la protagonista de la historia, se trata de París como podría ser cualquier otra ciudad salvo porque es desde la torre Eiffel desde donde nuestro protagonista pretende acabar con sus días.

En algunas webs he visto que se refieren a esta novela como un libro de autoyuda. Si bien es cierto que en algunos momentos la historia se diluye en una especie de tratado práctico del tipo "cómo superarte en la vida", encuadrarla dentro de ese género me parece exagerado, por mucha psicología y experiencia en desarrollo personal que se gaste el autor.

Alan es el protagonista de la historia y cuando está a punto de suicidarse un extraño personaje le convence para que desista de su empeño y siga todos sus consejos e instrucciones prometiéndole la felicidad. Esta aparente acción altruista ya parece poco probable, pero menos verosímil se va haciendo la historia cuando el protagonista cede a todo tipo de peticiones extravagantes, inusuales y ridículas por parte de su "mentor". Más aún cuando la razón por la que accede a estas "pruebas" es porque ha dado su palabra bajo juramento sobre su vida... algo contradictorio con su primera intención suicida.

A pesar de todo la novela acaba enganchándonos un poco, algunas partes son graciosas, otras interesantes... nada como para tirar cohetes, un final inesperado pero demasiado "y vivieron felices y comieron perdices". Pero claro, un libro de "autoayuda" no puede acabar mal... ¿o sí?

aquí os dejo un enlace a la entrevista que concedió el autor a ABC.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

La elegancia del erizo, Muriel Barbery

Si entendemos que uno de los elementos principales de una novela es la acción de la misma, entonces aquí no estamos ante una novela. En La elegancia del erizo no hay acción, no ocurre nada... es lo que llamaríamos una historia de personajes, en la que la acción se subordina al retrato psicológico de los protagonistas. Y antes de seguir perorando como si fuera una profesora de lengua o similar (¡qué locura) intentaré explicar el no-argumento de la historia.
Reneè es la portera de un lujoso edificio de París y cumple meticulosamente con todos los estereotipos de cualquier portera que se precie: arrastra las zapatillas al andar, tiene la televisión a todo volumen en la portería y muestra cara de acelga y mirada vidriosa ante cualquier frase mínimamente complicada. Pero si hay una expresión adecuada para describir a Renè es, sin duda, que las apariencias engañan. Nuestra sarcástica protagonista es de todo, menos simple y estereotipada. Cinéfila y lectora compulsiva, bautiza a su gato León por Tolstoi, y sus reflexiones sobre la sociedad y los personajes que la rodean nos muestran una inteligencia y un sentido del humor excepcionales. Y es que la novela es muy divertida, tan sólo recuerdo haberme reído tanto con algún título de Sharpe, con la salvedad de que en éste, el humor era menos sangrante, más facilón.
La otra protagonista de la historia es tan inteligente y reflexiva como Reneè, a pesar de tener tan sólo doce años. Paloma es muy crítica con su familia, a la que presenta como un estereotipo de la sociedad burguesa adinerada de París “Si se quiere comprender a nuestra familia, basta con observar a los gatos. Nuestros gatos son dos grandes odres atiborrados de croquetas de lujo que no tienen ninguna interacción interesante con las personas” O “en la familia estereotipo, yo me pido ser la rana intelectual de izquierdas”.
Las continuas digresiones no son un obstáculo para la lectura, sino que constituyen la base misma sobre la que edificar ese fino y caústico sentido del humor tan importante en la novela.
Ya hay versión cinematográfica, aunque no la he visto. Dudo mucho que me anime a hacerlo, puesto que la sensación agridulce, y el placer con el que he leído esta deliciosa novela difícilmente podrá mejorarse con ninguna película. Por si no ha quedado suficientemente claro, recomiendo fervientemente su lectura, sobre todo, a todos aquellos que disfruten de las sutilezas y la ironía como arma defensiva contra la realidad.